PODRÉ QUIZA SORPRENDERTE…

PODRÉ QUIZA SORPRENDERTE. ..

Introducción. La velocidad a la que pasan las cosas es de vértigo. Casi sin darnos cuenta se van acumulando los días, las semanas, los años, las personas, los lugares, los diálogos y somos incapaces de retener y de valorar en su justa medida lo que nos va pasando. Decía Ortega y Gasset: “No sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa”. La inconsciencia de lo que somos, de lo que nos ocurre, de la realidad que nos abraza y nos rodea,  es la causa de muchas tristezas y de muchas vidas mediocres y apagadas. Necesitamos recuperar la inocencia, la novedad y la capacidad de sorprendernos para encontrar la riqueza de todo lo que nos rodea. La semana pasada estuve dando retiros a los alumnos de primero y de segundo de bachillerato de un colegio religioso. Jóvenes de 16, 17 y 18 años, y la verdad es que sentí el reto, la prueba, que supone hablar de ilusión, de aprovechamiento de la vida a personas que están en plena efervescencia. Siempre me supone un termómetro para medir la temperatura de mi vitalidad. Es un examen continuo de lo vital, de lo joven, de la emoción, de lo que vibro, de lo que me hace motivarme cada mañana para afrontar el día.

Y me vuelvo a alegrar, y vuelvo a agradecer al buen Dios, que me regale la misma ilusión, o que me la renueve día a día. Me ilusiona y se convierte en un vértigo total, ponerme delante de personas, a las que no conozco, de las que se muy pocos datos, a las que sólo reconozco su juventud, su apariencia externa, su belleza, o sus fuerzas físicas. Y con temor y temblor, proponerles la fe, la amistad con Jesús,  como el camino de permanecer en la esperanza y en la en medio de las dificultades y de las crisis y confusiones que la vida nos ofrece. La verdad es que es una maravilla llegar cada mañana a la casa de retiros, ver el grupo que baja de autobús, y sentir la certeza de que ese día va a ser especial para ellos. Te miran, les suena curioso que el cura que les va a acompañar el día de retiro lleve una sudadera de Sepultura, o lleve aros en las orejas. Hay algún comentario gracioso. Y de repente después de la oración inicial, llega el momento de la presentación, del saludo y de la introducción a lo que va a ser el día. Y ahí se presenta la gracia de Dios. Convertida en un ambiente, en una presencia, que se crea, de escucha, de cercanía, de sinceridad. Me siento como Moisés enfrente del misterio de la zarza ardiendo. Sorpresa Dios está aquí. Le veo, le oigo, le siento.

Lo que Dios nos dice. “Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro, sacerdote de Madián. Llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar al Horeb, la montaña de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés se dijo: Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver por qué no se quema la zarza. Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: ¡Moisés, Moisés!, respondió él: Aquí estoy. Dijo Dios: No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Y añadió: Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”. Ex 3,1-6. Unas zarzas ardiendo tienen muy poco de interesante sino soy capaz de fijarme en ellas. Cuantas personas pasan a mi lado, cuantas palabras son pronunciadas cerca de mí, a las que no presto atención.

Fijarse, estar atentos, escuchar, sorprenderse, depende de lo despierto que la vida me pille. Y esa atención quien la llama y la alienta es Dios. Algo me llama la atención si soy capaz de sentirme llamado. Si abro la mente, el corazón, la curiosidad, el riesgo. Si Moisés se hubiera ido corriendo asustado frente a lo que no entiende, se habría perdido la maravillosa historia de salvación de la que fue protagonista. Si porque algo es nuevo, diferente, desconocido, lo rechazo, me pierdo la cercanía de Jesús que siempre es novedosa, sorprendente, imprevista. Cuando Jesús se aparece a los discípulos después de la resurrección le confundían con el jardinero, porque no era igual que antes. Los apóstoles metidos de lleno en la tormenta en el lago también se ponen a gritar pesando que se trataba de un fantasma, esa figura que se dirigía a ellos con los brazos extendidos y con un mensaje de paz, de calma, de salvación. Los de Emaús, tampoco lo reconocen, a pesar de estar caminando con Él un buen trecho del camino. Lo común en todos esos relatos bíblicos es una apretura y una confianza depositada en el buen Dios.

“Jacob salió de Beersheva en dirección a Jarán. Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol. Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar.  Tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo: Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Jacob. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quieras que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido. Cuando Jacob despertó de su seño, dijo: Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía. Y sobrecogido, añadió: Que terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo. Y llamó a aquel lugar Betel”. Gen 28,10-19. Dios está muy cerca de todo lo que vivimos, pero lo tengo que descubrir. Estamos tocando la puerta del cielo.

Cómo podemos vivirlo. Ojalá tengamos la mirada curiosa y sorprendida de los niños. El deseo de no perdernos nada de lo que ocurre a nuestro alrededor. Que no nos volvamos personas calculadoras y controladoras, que en su afán por vivir seguras y sin sobresaltos anulan toda posibilidad de sorpresa o improvisación.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s