El rompecabezas.

Introducción. Ayer en la celebración de la misa de Todos los Santos se me ocurrió una imagen que me está ayudando mucho para entender  esta historia personal y comunitaria que es la vida, la mía, la de mi familia, la de mi comunidad, la del mundo entero. Historia de alegrías y de decepciones. Historia de encuentros y desencuentros. De cercanías y distancias. De ilusiones y de cansancios. De horas esperando que pase algo interesante, o de agendas repletas de actividad que te llevan a la extenuación y la fatiga. La imagen que me ayuda es la de una mañana del día de Reyes en las que los padres regalan a los hijos la caja de un puzle de 25.000 piezas. La primera impresión es de desconcierto, de decepción, de fracaso, de vernos incapaces de de poder organizar y ordenar tantas piezas inconexas y que no tiene nada que ver.

O bien de reto. De ponernos manos a la obra. De empezar algo que sabemos que puede terminar bien porque hay delante de nosotros un modelo que nos marca el camino a seguir. Se ve lo que tenemos que lograr. Solo nos falta ponernos de acuerdo y con humildad poco a poco, paso a paso, dar forma y ordenar las diferentes piezas hasta llegar a la meta de ver con claridad el puzle terminado, con la belleza del paisaje que representa.

A mí eso me paso con un puzle que me regalaron del puerto deportivo de Mónaco. Era una foto inmensa de un montón de yates, con sus mástiles, sus cabos, sus cuerdas, con unos enormes apartamentos llenos de ventanitas, con el cielo azul y el mar del mismo color. Cuando uno destapa la caja y ve la bolsa llena de piezas todas parecidas, blancas y azules, se desmorona.  Nadie nos ha dicho que vivir sea fácil, cómodo y que acertar con una  vida dichosa sea inmediato.

Esa mirada sobre el puzle la tenemos muchas personas con nuestra vida. Cuantas cosas tenemos que integrar, que ordenar, que poner en su sitio. Miles de piezas. Mi dimensión física, mi corporalidad, mi sexualidad, mis deseos, mis capacidades y mis límites. Lo que he heredado de la educación de la familia de la que vengo. Mi pasado y el suyo. Todas las buenas cosas que me han enseñado. Y todos los traumas y defectos, miedos y manías, que me han contagiado. Soy las habilidades sociales. Mi timidez o mi desparpajo. Soy lo seguro que me siento, o lo miedoso, tímido, e inseguro. Soy lo intelectual, lo ágil o lento, lo despierto o dormido.

Tantas piezas que al aparecer todas juntas provocan un bloqueo inmediato. Nunca podre ordenar de forma armónica todos los diferentes aspectos que constituyen mi existencia. Porque son muchos. Porque si estoy atento a los estudios dejo en el olvido a los amigos. Porque si me centro en mi vida laboral descuido a mi familia. Porque si ejerzo de padre de un niño recién nacido dejo de lado a los amigos. Y si cuido a los amigos, la que se enfada es mi esposa celosa o mi marido desplazado. No hay tiempo para responder a tantas exigencias y es imposible agradar a todo el mundo. Siempre habrá efectos colaterales con cada una de las decisiones que tomo. Gente disgustada, alejada, distanciada. Así es la vida por eso si que hay que estar atento a lo esencial y ser agiles en detectar lo relativo y lo que puede esperar.

Lo que Dios nos dice. “Os pido, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que os ofrezcáis como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Este ha de ser vuestro autentico culto. No os acomodéis a los criterios de este mundo; al contrario, transformaos, renovad vuestro interior, para que podáis descubrir cuál es la voluntad de Dios, que es lo buen, lo que le agrada, lo perfecto. Os digo, además, a todos y cada uno de vosotros, en virtud de la gracia que Dios me ha confiado, que no os estiméis más de lo debido; que cada uno se estime en lo justo, conforme al grado de fe que Dios le ha concedido. Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros y no todos los miembros tienen una misma función, así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo al quedar unidos a Cristo, y somos miembros los unos de los otros. Puesto que tenemos dones diferentes, según la gracia que Dios nos ha confiado, el que habla en nombre de Dios, hágalo de acuerdo con la fe; el que sirve, entréguese al servicio; el que enseña, a la enseñanza; el que exhorta, a la exhortación; el que ayuda, hágalo con generosidad; el que atiende, con solicitud; el que practica la misericordia, con alegría”. Rom 12,1-8. La historia de la salvación es un gran rompecabezas en el que Dios ha situado tantas piezas como personas recorreremos esta tierra a lo largo de la historia. Diferentes épocas, diferentes talen tos, habilidades y funciones. No vale la pena compararnos o sentirnos rivales. No todos tenemos las mismas funciones ni los mismos talentos. Lo único que tenemos que hacer es sentirnos encajados en lo que nos toca vivir. Decía Francisco de Asís que nada violeto permanece.

Como podemos vivirlo. No podemos vivirlas cosas obligados, a disgusto, desencajados, presionados, porque nos rompemos. Si intentamos colocar una pieza en un sitio que no es el suyo la forzamos y la acabamos destrozando. Eso pasa con las personas. Por eso la santidad es aprender a encajar la pieza que es nuestra vida, en su sitio. Armonizada. Reconciliada. A gusto. Esa es nuestra tarea en nuestra vida. Es encontrar nuestro sitio. Esa es la santidad y la felicidad. Lo que estoy seguro es que todos tenemos un sitio. “No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí. En la casa de mi padre hay lugar para todos; de no ser así, ya os lo habría dicho; ahora voy a prepararos ese lugar. Una vez que me haya ido y os haya preparado el lugar, volveré y os llevare conmigo, para que podáis estar donde voy a estar yo. Vosotros ya sabéis el camino para ir adonde yo voy”. Jn 14,1-4. Estamos día a día ordenando el puzle, cada vez falta menos.

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Una respuesta a “El rompecabezas.

  1. Vicente , te saludo desde Guatemala. Creo que debés saber que tus escuelillas me han dado mucha luz, y me ayudan a encarnar la Palabra en el lo cotidiano. Gracias por tu sí y tu consagración. Pertenezco a VD Guatemala y me siento motivado por vos a orar con más fuerza la Palabra para que muchos más vivan la alegría de saberse queridos por la Trinidad. Saludos

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